Crónica del Día de Ayer; O: Signos evidentes del advenimiento del Apocalipsis (Literario)
Escena 1: Interior, cocina, 12:00.
Leo la última novela de Martin Amis, The Pregnant Widow. Empiezo a pensar qué voy a prepararme para comer. Dicho de otro modo: me aburro. Recuerdo con nostalgia al Martin Amis ingenioso, al Martin Amis que ya fue, el de Rachel Papers, London Fields, Money.
Escena 2: Interior, despacho, 15:00.
J y yo estamos sentados en nuestras respectivas sillas, a punto de salir hacia una de las salas de cine de Barcelona que proyectan The Ghost Writer, la última película de Roman Polanski, adaptación de una novela de Robert Harris. Tengo muchas ganas de ver esa película, la vida personal de Polansky me da totalmente igual.
Hacemos tiempo, esperamos a alguien.
J aprovecha para comentarme la última novela de un escritor de 'mi generación'; una novela en tres partes que -se supone- es muy novedosa. La primera parte imita una serie de televisión (género ciencia-ficción) (¿?), la segunda parte es un simulacro de las repercusiones que la serie de televisión ha tenido en la sociedad (¿?), la tercera parte es otro simulacro de un estudio pretendidamente académico sobre la serie de televisión (¿?).
En fin. Hace tiempo que no hago más que preguntarme cómo es posible que a unos señores ya talluditos no les dé cierto reparo que les hayan puesto una etiqueta que lleva la palabra 'Nocilla'.
Escena 3: Interior, bar, 15:30.
J y yo estamos sentados en nuestras respectivas sillas, delante de nuestros respectivos cafés con leche. Hablamos de novelas escritas por señoras que compran y ¿leen? otras señoras. Novelas sobre pobrecitas inmigrantes que sólo vinieron a buscar una vida mejor, novelas sobre pobrecitas costureras que consiguen codearse con modistos à la mode de París, novelas sobre pobrecitas tal y pobrecitas cual que persiguen su sueño y lo consiguen. Y siguen siendo ellas mismas. El sueño americano hecho señora.
Escena 4: Interior, escalera del cine, 18:15.
Hemos visto The Ghost Writer. Debido a la perversa estructura arquitectónica de las salas de cine en general, nos cruzamos con el público que entra a la siguiente sesión de la película. Entre ellos, el escritor Javier Cercas. Como no me gustaron las novelas de Javier Cercas, me dan ganas de vengarme contándole cómo acaba la película. Reto a J a que lo haga. Reímos.
Escena 5: Interior, despacho, 19:00 [atención: spoiler].
Me siento a la mesa con la intención de buscar en internet reseñas y comentarios sobre la película que acabo de ver. Aún no he abierto ninguna página cuando me levanto en un arrebato y corro al salón a comentarle a J que nos han timado con el final de la película. Y todo por culpa de Google. Es imperdonable, le digo, qué manía de meter con calzador nuevas tecnologías en novelas y películas, ITs que resuelven en tres clicks conspiraciones que se han venido fraguando durante años. Mierda.
Signos evidentes del Apocalipsis:
1.- Martin Amis ya no es el que era.
2.- Un escritor es un señor cuarentón que escribe ciencia ficción.
3.- Un lector es una señora que compra ladrillos sobre costureras.
4.- Roman Polanski elige malas novelas para sus adaptaciones cinematográficas.
Escena 6: Interior, sofá, 01:00.
Redención.
Me lanzo en brazos de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Vive Dios que odio profundamente la sordidez de esta novela, su retrato del lado más sarnoso de la bohemia, su amor por el feísmo de la vida. Pero, por lo menos, me digo, es literatura: sin series de televisión, sin costureras triunfadoras, sin ITs que resuelven el pretendido embrollo en tres clicks.
Odio la sordidez de Bolaño, pero me quedo con su visión del Apocalipsis.
Banda sonora de este post.
jueves 8 de abril de 2010
Rosemary
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