jueves 18 de marzo de 2010

Gabardine

Enrique Vila-Matas no se acaba nunca.

Por eso, en este blog estamos muy a favor de Dublinesca, su última (re)invención. Y por eso nos pasaremos el fin de semana leyéndola.

Se dice, se cuenta, se rumorea (en entrevista con Juan Cruz en la edición del sábado pasado de Babelia) que la última novela de Vila-Matas está vagamente basada en el Ulises de Joyce, concretamente-vagamente basada en el Episodio Sexto del Ulises de Joyce ("Hades").

Hades: descenso a los infiernos en forma de funeral irlandés. A la salida, Bloom y sus amigos se cruzan con un misterioso señor que lleva una gabardina. Enrique Vila-Matas que, creo, no lleva gabardina pero que, creo, ha leído a fondo el Ulises de Joyce, asegura que el misterioso hombre de la gabardina aparece un total de once veces en la novela de Joyce. Vladimir Nabokov que, asumo, no solía llevar gabardina pero que, entiendo, había leído a fondo el Ulises de Joyce, decidió que el misterioso hombre de la gabardina era un trasunto del propio Joyce. (Nota: me gusta la palabra "trasunto" -"Imitación exacta, imagen o representación de algo", según el diccionario de la RAE).

¿Y en Dublinesca? ¿Qué personaje es un trasunto de quién? ¿Quién lleva gabardina? Lo que sí lleva Vila-Matas es una semana cargada de entrevistas. Y (casi) todas las que he leído pasean en algún momento por el más que pedregoso camino de la ficción autobiográfica (o del sustrato autobiográfico en la ficción, que ¿es lo mismo?); en cualquier caso, hablan de aquello que los académicos llaman roman à clef (y que, precisamente, suelen usar con soltura para describir otro texto de Joyce, el Retrato del artista adolescente).

Con o sin gabardina, esta lectora de Enrique Vila-Matas opina que lo sublime del autor -y de su obra- es que desautoriza el concepto mismo de ficción autobiográfica; también el de autobiografía ficcionalizada. Lo sublime es no saber si el personaje de sus novelas es él o él es el personaje de sus novelas; incluso podríamos llegar a una tentativa conclusión, rizar el rizo Nabokoviano y asegurar que el personaje de las novelas de Vila-Matas somos nosotros y que, por ello, nosotros somos Vila-Matas. Podríamos incluso seguir concluyendo tentativamente el rizo rizado de Nabokov hasta llegar al cortocircuito total, fundido a negro y vuelta a empezar.

Muerte y resurrección del autor, del personaje, y del lector.

Tremendo golpe de efecto para Roland Barthes que, creo, no solía llevar gabardina.

 
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