jueves 26 de noviembre de 2009

Passé

Mi filosofía es clara y sólida: sólo me llega aquello que me interesa. No es que tenga una actitud pasiva; al contrario, es simplemente que tengo la antena bien sintonizada, sí, y confío en esa sintonización, por supuesto, no cabe la menor duda: me va llegando aquello y sólo aquello que me interesa. El único sitio que consulto semanalmente 'en busca de' es la sección de libros del Guardian, el resto llega solo. Por este motivo me sorprendió que alguien nombrase en mi presencia el título de un libro tipo espiritualidad/autoayuda/bestseller que yo había visto unas cuantas veces aquí y allá y nunca jamás había llamado mi atención. Huyo de la espiritualidad, la autoayuda y los bestsellers como de la peste, el postmodernismo y la vulgaridad.

Aún no entiendo qué me llevo a escribir con mimo y precisión el título de ese libro tipo e/a/b en la ventanita de Google que Mozilla Firefox ha colocado en exclusiva para mi deleite en el márgen derecho de mi ventanita virtual. A día de hoy, no consigo comprender qué me llevó una tarde de miércoles a descargar el libro tipo e/a/b y a leérlo de un tirón on screen (práctica que aborrezco). No importa, pensé. Yo, como Whitman, contengo multitudes que, a menudo, resultan incoherentes.

Lo leí, sí. De un tirón. On screen. Está muy mal escrito, es evidente. Más tarde me entero de que se ha realizado un documental siguiendo los preceptos que apunta el libro. Uno de estos preceptos es que lo único que importa es el presente; el pasado y el futuro no existen y se rechazan por considerarse simples movimientos energéticos basados en la memoria (uno) y la imaginación (el otro). Me enfado. No mucho, pero me enfado. Digamos que me enfurruño. Y pienso.

Pienso, pienso, pienso.

Pienso en PB Shelley. Fear not for the future, weep not for the past. Bien, claro y cristalino. Si se puede temer el futuro y se puede llorar el pasado es porque existen. Pienso en LP Harley. The past is a foreign country. Y, por lo tanto, existe. Pienso, incluso, en Oscar Wilde. I like men who have a future and women who have a past. Se me pasa el enfurruñamiento.

Esta mañana leo el primer capítulo de un work-in-progress. Sobre el pasado. Sigo pensando. Pienso en todos mis autores favoritos. Ian McEwan revisando acontecimientos del pasado en estilo libre indirecto, dentro y fuera de la cabeza de los personajes; Marcel Proust demostrando que cuando uno moja una magdalena en tila se abren mil cajas de Pandora; Salman Rushdie volviendo al momento en el que se forjó una nación a través de la historia personal de un personajillo patético; Javier Marías hilando obsesivamente el vértigo de los abismos pasados en los que se sumergen sus personajes; James Joyce obligando a un señor de mediana edad a darse un largo paseo por Dublín a fin de revisar los acontecimientos que han puntuado su vida... podría seguir ad infinitum, pero dudo de la capacidad de blogger punto com para albergar tanto ejemplo (dudo también, secretamente, de mi propia memoria y de vuestra paciencia).

Todas mis novelas favoritas hablan del pasado. Saldar cuentas es una expresión odiosa pero útil. Todos mis novelistas favoritos siguen, tal vez de manera inconsciente, la máxima de George Orwell. He who controls the present, controls the past. He who controls the past, controls the future. La gran novela es la novela sobre el pasado, propio o ajeno, inventado o recordado (es lo mismo). Aquel que controla el presente, controla el pasado; aquel que controla el pasado, controla el futuro.

Todos llevamos nuestro pasado encerrado dentro de nosotros, como las hojas de un libro que sabemos de memoria. Esta cita tampoco es mía. Es de Virginia Woolf. La misma que obliga -como Joyce- a una señora de mediana edad a darse un largo paseo -esta vez por Londres- a fin de revisar un momento que pasó décadas atrás. La Sra Dalloway, como todos mis personajes favoritos, controla el pasado para poder controlar el futuro.

Ahora estoy contenta. He leído un libro que a todas luces es una bazofia, pero me ha hecho recordar por qué me gustan las buenas novelas y por qué huyo de la espiritualidad, la autoayuda y los bestsellers como de la peste, el postmodernismo y la vulgaridad.

 
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